Londres para siempre – 24

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– “Esta es una puta mierda. Pero, ¿dónde nos trajiste?” Bromea Giampiero, tratando de deslizarse en la multitud.

– “¡Es que tu te mueves como un elefante artrópodo!” Le contestè en el mismo tono de broma.

Michelle asiente provocativamente, ironizando, como lo va haciendo durante algún tiempo, sobre su fisico siempre mas masivo. Es un poco de tiempo que me doy cuenta de  estas flechas entre los dos, tanto que pensé ver el síntoma de una crisis  embrional de la pareja. Pero tal vez no es así. No se programa una nueva vida,   juntos,  a Italia si la pareja ya no funciona. ¿Oh si? Tal vez es solo un “escamotage” para superar los problemas, posponerlos, no verlos, tratar de resolverlos con el paso del tiempo; una coartada psicológica que attribuye  las fallas a los  problemas ambientales en Londres, la falta de niños, la precariedad del trabajo o quién sabe qué más.

– “¿Conseguiste que hablara un poco ?” – Michelle me pregunta mirando  a Martine y  sientandose en el sofá de líneas anchas.

– “Si ha hablado, ¡no ha estado en silencio por un momento desde que nos dejaste solos!”

Bromeamos por un largo tiempo. Sumando nuestra risa a las innumerables e indistintas de las diversas postaciones. De repente, como una magia, los circuitos eletricos auditivos se encenden y de repente el silencio se impone. Solo hay unos pocos acordes de guitarra, y sin previo aviso, todo el mundo está en silencio. El “clou” de la tarde comienza. Escuchar es religioso, quasi místico. Todos siguen el concierto a su propia manera. Quién sueña, quién mide el ritmo con un pie en un improvisado e improbable solfeo; quién golpeando con los dedos en alguna parte y quién trata seguir la musica  con los movimentos de la cabeza. Pero todo y siempre en música y en total silencio. Se comienza con una pista de música en solitario: la base rítmica de bajo y batería se mezcla con los “riffs” de la guitarra solista, mientras que el acompañamiento combina todo. Luego inserta al cantante, con su voz alta y caliente  que cuenta los clásicos temas de blues, pero en forma de rock, creando una buena mezcla de música.

El cantante ahora alterna el canto con el acordeón, mientras que los otros músicos muestran que también saben tocar el saxofón y el violín: empezo a viajar con la mente a lo largo de interminables autopistas, de un lado a otro en la costa estadounidense; veo salir el sol y lo veo bajar; Lloro por el tiempo, las mujeres y los amigos que nunca regresarán. El saxofón, el violín y la guitarra solista hablan con encanto; la armónica, riendo, atrevida y sublime, toca las cuerdas más llamativas del alma.

Entre luna cancion y otra   el mundo se desata: aplausos, silbidos, gritos, ruido, latas jugadas  sobre la mesa: un triunfo de aprobación y felicidad. A intervalos, después de una hora de buena música rock-blues, mientras el hippie de la vincha y la camiseta rosa continúa palpitando un aire cada vez más denso de humo y olores, se acerca a Giampiero un tìo con  una barba rojiza y sucia que hasta entonces había permanecido en silencio, sentado cerca de nosotros. Hablan por un rato, en voz baja.

“¿Qué quería el tio?” Martine pregunta.

– “Me preguntó si quería champiñones …” – responde Giampiero

– “¿Que tal? ¿Cómo serían los hongos?” – entrevista Martine – “¿Qué hace uno de los hongos aquí, en este momento?”

– “La salsa, por supuesto!” – Michelle interviene, quien  conoce bien el uso de los champiñones. Y en este mismo momento, su mirada se posa en un hombre sentado en el medio de un separet, no muy lejos del nuestro. Yo ya lo  habìa notado mucho antes desde mi punto de vista: en su mesa de café hay una cantidad indefinida de latas azules y un continuo ir y venir caracteriza al “séquito”. Es un tipo pelirrojo, lleno de líneas finas, tez pecosa y de piel clara.

– “¡Marcus! ¡Oye, Marcus!” Michelle exclama en su dirección, llamando su atención con su brazo derecho levantado.

El tipo gira lentamente, ocultando su maldad, de hecho, fingiendo, igual de mal, su indiferencia; Pero cuando reconoce la cara de Michelle, se ilumina de repente.

Él se levanta y viene a nosotros. ¡Es alto, atlético! Él saluda a todos con un “hola” jovial, sonriendo con los dientes un poco amarillos, pero pequeños y regulares. Ahora está en contacto con Michelle, después de besarse cariñosamente, como dos viejos amigos, con gran confianza.

Hay un consenso sutil y misterioso entre los dos, y Giampiero también se da cuenta de eso, mientras habla conmigo sobre la situación política en Italia, no sé de qual gobierno, quién sabe qual primer ministro, que una vez más cayó, sin gloria, en el Parlamento.  Y entretanto los mira, nunca los pierde de vista, tratando de captar lo que están diciendo. Su aspecto de celos me recuerda los rumores sobre su crisis.

24. continuarà…

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Londres para siempre – 23

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“¿Cuánto tiempo es que t’estás en Londres?” Le pregunté a Martine, con la cual  habíamos  preferido sentarnos en uno de los taburetes circulares oscuros que estaban dispersos alrededor de las mesas.

“Cuatro meses”, respondió ella después de un murmullo de media voz, sacando de su  bolsa de cigarrillos extraños  y delgados de un paquete marrón y arrugado.

– “¿Y qué estás haciendo aquí en Londres?” Insistí, mirándola mientras que susurraba una bocanada voluptuosa de su extraño cigarrillo.

– “Comencé un nuevo trabajo hace dos semanas; distribuyo revistas femeninas en la salida de Metro, pero espero encontrar algo mejor; también porque, trabajando dos veces por semana, no gano lo suficiente, ¿entiendes?”

“No te preocupes”, respondí yo entre lo serio y la broma, para arrojar el aire triste y preocupado que, como más tarde entendí, era un espejo de su ser más íntimo, y non  el  estado de ánimo de  un momento. “¡Tu haces parte  a la gran familia de comerciantes ambulantes y esto no debería hacerte sentir sola, al menos! ”

– “¡Pero no me siento sola en absoluto!” Ella protestó, siempre con su rostro melancólico.

– “París no te echa de menos, entonces?”

“Claro que no”, dijo Martine convencida. “Me escapé de un trabajo aburrido como secretaria; mis padres son bautistas que observan y pretenden cumplir estrictas reglas de vida religiosa; además, tenía un chico que quería dominarme así valiente y posesivo como nunca antes. Ya sabes por qué no puedo tener algo de nostalgia!”

– “¿Cómo es que terminaste en Londres?”, Le pregunté de nuevo después de señalarle a un tipo distante que parecía haber salido directamente de la película “Woodstock”, con una banda ancha que sostenía su largo cabello y con numerosos collares colgando de su cuello en una camisa rosa y una mirada alucinada, perdida en la vacuidad, al tiempo que abrìa sus manos, lentamente, como en trance, siguiendo con los movimientos de su cuerpo, una música que solo él parecìa estar escuchando.

Martine se echó a reír, escondiendo su boca con la mano antes de responder.

– “Me dirigí a una agencia de au pair, y entonces vine al aeropuerto. Una familia de maestros con dos niños, en casa en el verdor, en North Finchley, en la línea del Norte, me parece, si non me acuerdo mal.  Seis días a la semana con ellos, los grandes, siempre fuera y yo en casa viendo a los niños y comiendo, o más bien,  non comiendo, la comida inglesa imposible, y algunas veces que podía salir por la noche, también me dieron un tiempo para volver.  Peor que mis padres. Sin mencionar que también tuve que limpiar la habitación y las cosas de los niños. Todo por nueve libras esterlinas por semana. Mi amiga Michelle me llevò de estos  problemas … ”

Mientras que ella evocaba su cuento, Michelle aparece desde lejos. Lanza un grito festivo, lo hace grande para él y para Giampiero,  entre la multitud de personas que ahora ocupan cada espacio disponible; Giampiero parece  un equilibrista de ocho manos, como la diosa Kali. Intento encontrarme con ellos, tratando de olvidar la explotación traviesa de las chicas “au pair”. Puedo conseguir algunas botellas que el sostiene debajo de sus brazos; Otros vienen de todos lados. Sonrie con la  cara llameante.

23. continuarà…

Londres para siempre – 22

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En la entrada, mientras caminábamos por el estrecho pasillo hacia el gran vestíbulo de la planta baja, noté a la luz de fondo la nube de humo que salía de ella, junto con un suave pero intenso ajetreo de animación. La sala se había llenado mientras tanto. Entre los fanáticos, como lo anunció el estacionamiento al aire libre, hubo numerosos “rockeros de motocicletas”, también llamados “speedies” debido al uso frecuente de anfetaminas, que preferían entre todas las drogas que estaban en circulación por la carga particular que les daban. Su vestimenta típica consistía en botas robustas, jeans, camiseta de algodón de manga corta y una chaqueta, también en jeans de cuero negro, generalmente cubiertos sobre los hombros de pequeños tachuelas de metal truncadas cónicas. No tan a menudo, esta excéntrica vestimenta, junto con su alta estatura, las barbas negras sobre las que yacía el cabello rubio más largo, le confirieron un aspecto de vikingos metropolitanos.

 

No obstante, eran personas bastante pacíficas de los “punks” más coloridos y folklóricos que a comienzos de la segunda mitad de los años 70 comenzaron a hacer sus primeras apariciones impactantes en las calles de Londres.

 

Incluso en la sala, el espectáculo había cambiado: muchos jóvenes camareros  en la barra del bar corrían de un lado  a otro para sevir cervezas y otro tragos de diferente natura, pero siempre bastante alcolicos

 

Alrededor de la plataforma, ahora iluminado, con los músicos ya en el escenario dando los toques finales a los instrumentos, se sentó en un semicírculo una multitud discreta que engañaba a la espera riendo y bromeando alegremente entre un sorbo de cerveza y un humo.

 

Entre el mostrador y la plataforma, en medio de la sala, otros jugadores habían ido al billar y jugavan bajo la apariencia de amigos y entusiastas. Sobre el pedestal, en la pared derecha, ahora eran visibles los sofás que no había notado antes.

 

Dirigí a mis amigos directamente al primer piso a través de las grandes escaleras que ya se estaban llenando de espectadores, casi una cola natural de esa multitud reunida alrededor del sendero. Numerosas mesas compartimentadas habían estado ocupadas, y grandes estantes de cerveza y bebidas se notaron en sus estantes.

 

Giampiero comprendió de inmediato la situación y pensó bien, seguido por Michelle, de volver al bar, después de preguntar qué teníamos intención de beber. Tuvimos asientos al final del sofá en la parte de atrás; desde mi lugar, yo veia una buena parte del sendero, donde un hombre atlético que llevaba unas mallas negras y adorables, con el pelo largo y negro que terminaba en una cola gruesa, sintió la eficiencia del sistema de sonido con una fianza elegante.

 

  1. continua…

Londres para siempre – 21

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 Y realmente vino de inmediato; solo tuve el tiempo  de hojear distraídamente algunas revistas bajo los ojos enrojecidos y cuidadosos del titular della tienda, un paquistaní de mediana edad, con grandes y carnosas mejillas.

– “¡Hola!” Giampiero me hizo un gesto cuando se alejó de la única barrera de salida subterránea. Incluso Michelle, a quien ya conocía, me saludó con la mano en el aire. Luego me presentaron a Martine, una muchacha  no tan alta  que vestía pantalones vaqueros con una blusa blanca bordada, zapatos “Adidas” de color verde blanco y una cinta azul en la parte delantera que atrapaba su pelo corto y castaño. Élla me  hizo, al presentarse,  una sonrisa en sus dientes un poco irregulares, pronunciando un “¡hola!” mientres que  con una mano sostenia su abrigo en sus hombros y los dedos del otro se deslizaban  en el bolsillo de sus jeans con el pulgar afuera. Después de algunos buenos momentos, le pregunté a Giampiero por noticias de Tommy que no había visto hace  mucho tiempo.

 

– “Hace mucho tiempo que no lo veo ¡La última vez que vino a vernos era con su  chica y  estaba realmente deprimido!”

– “¡Ah, sí! Yo creo que estè tomando decisiones importantes; tal vez se vaya  a Italia”-  dije yo en un tono perezoso y humorístico.

– “¡Si es por eso yo ya  tomé esta decisión!” – dijo el contestando.

Lo miré con aire surprendida.

– “¿Cómo no sabes todavía la noticia?” Continuó el, deteniendo la marcha, asombrado por mi propia sorpresa. – “Recientemente he contactado con ejecutivos italianos de nuestra empresa. Parece que están buscando abrir una oficina de representación en Génova, en mi ciudad, piensa tu que increible, y están buscando personas que sean expertas y confiables para hablar bien el inglés,  para ampliar la red de contactos y lugares ………. ”

– “¡Oye! Puntas realmente altos, entonces. ¡También puedes convertirte en un ‘Gran Jefe’! – Le hice yo , golpeándolo.

– “Pero, ni siquiera sé si me gusta verdaderamente. Necesito cambiar de aire, ¡eso es cierto! Es una vida que estoy aquí en Londres y creo que mi viaje se haya terminado. Tu  nunca tuviste la idea de tener un hijo? ” me hice despues cambiando de tono.

“¿Qué tiene que ver un hijo con todo eso?” Interrumpí, reanudando el camino que el había interrumpido otra vez. – “Puedes hacer al bebé aquí también si quieres”.

– “¡No! No sería lo mismo. En esta ciudad hay demasiado caos. No es el ambiente ideal: con todo este racismo hay todavía violencia, smog, ¿entiendes? Y necesito otra situación; Incluso Michelle haría bien en cambiar de aire … ”

 

Se volvió instintivamente hacia atrás y vio a Michelle y Martine hablando, de una manera muy confidencial, tomadas por el brazo.

– “¿Cuáles son estos secretos?” – les preguntó Giampiero.

“Nada que te importe”, dijo Michelle con su aire, al mismo tiempo traviesa e ingenua.

 

Mientres tanto, nos habíamos acercado al pub que estaba en la esquina de dos calles; En frente del lado derecho, el borde extremo de una pequeña plaza delimitaba un gran estacionamiento para motocicletas donde ahora había una gran cantidad de vehículos estacionados; Motocicletas de todos los cilindros, marcas y colores, con predominio del rango medio Triumph, Suzuky y Honda rojo y azul.

21. continuarà…

Londres para siempre – 20

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Michelle era una chica parisina. Los dos se habían encontrado en Londres y siempre habían estados  juntos. Su encanto no era el atractivo ordinario que usualmente rodea a las chicas francesas por un físico de extremidades largas, un poco diáfano, con los rasgos del rostro eternamente ingenuos y amables; el fascino de Michelle  derivaba, en cambio, de su aire alegre y despreocupado, sintomático de aquellos que pueden vivir día a día, sin estados de ánimo particulares vinculados a eventos sentimentales, problemas laborales o quizás complicaciones existenciales. Mucho más que su actitud de no desencencia desencantada, si no de una conducta deliberadamente informal y contracorriente, fue sorprendente el contraste con la conducta casi seria y formal por la que Giampiero estaba atravesando incluso más que la odiada burguesía a la que declaró estar todavía combatiendo.

 

Michelle, por otro lado, era pintora y se ganaba la vida vendiendo sus pinturas y haciendo retratos en Portobello y los otros grandes mercados grandes con sede en Londres; Su asistencia permitió que Giampiero no perdiera todo contacto con cierto tipo de cultura y mentes alternativas, a las que, aunque no en lo más profundo de su ser, había sido atado.

 

– “Quien no muere, cobra vida, tarde o temprano!” Giampiero me dijo al teléfono y me devolvió el saludo: “¿Qué has hecho todo este tiempo?”

– “¡Encontré un pub que se parece a un anfiteatro!” Dije yo riendo – “y esta noche toca una banda de rock con bolas cuadradas. ¿Qué dices?”

– “Digo que estábamos pensando en ir a la esquina para tomar una copa; pero la idea de un poco de buena música sería aún mejor. Pero, ¿dónde estás?”, Me preguntó mientras traducía del inglés, como a veces hacìa cuando hablaba italiano.

– “Estoy aquí en la estación de Paddington, en una tienda de periódicos”.

– “Lo entiendo. Desde Notting Hill está a un paso de distancia. Espera a que llegue. Tal vez incluso con Michelle y un amiga francesa que vino a visitarnos. ¡Te veré de inmediato!”

 

20. continuarà…

Londres para siempre – 19

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Giampiero fue el que   respondió al  teléfono. Era un amigo de Liguria que conocí en la casa de Tommaso.  Era llegado a Londres en el mismo período que él. Con Tommaso compartiba la militancia italiana de larga data en los grupos no parlamentarios de la Izquierda; el mismo camino ideológico problemático: desde la confusa militancia revolucionaria entre los maoístas y los marxistas-leninistas,  hasta los grupos de ideología italianos más blandos, como la Lucha Continua, el Servicio al Pueblo y la Autonomía de los Trabajadores. Y después de eso la desilusión gradual pero inexorable. E sin esperar la segunda llamada de 1977, buscando de olvidarse  todo el pasado, habìa  llegado a Londres lamiendo sus heridas y tratando de reconstruirse y reconstruir su vida. A diferencia de Tommaso, la antigua ira política y revolucionaria de Giampiero se había disuelto en la niebla de Londres. Sin embargo, aunque para el resto de su generación, Londres había sido un puente a la filosofía oriental, él había continuado cultivando sus jóvenes lecturas socialistas en italiano y en inglés; y realmente yo no despreciaba de  pasar con él largas disertaciones nocturnas en su casa, después de la cena, cuando entre sus sabrosas pipas humeantes y mis proletarios cigarrillos hechos a mano, el se hundia en un sillón grande y cómodo, con desarmado pero al mismo tiempo muy agudo espiritu, todavía profetizaba el advenimiento al poder del proletariado como una solución única e inevitable a los conflictos de una sociedad capitalista que ya se encontraba al borde de una caída tan fragorosa cuanto fatal. Y era tanto la fuerza y ​​la seguridad de sus argumentos que nunca dudé en mi pensamiento que Giampiero, en el momento de la anunciada victoria socialista, no habrìa fallecido de renunciar a su buena y rica posición en una empresa de transporte multinacional, con la sonrisa de uno  que se siente, sin embargo, victorioso. Pero lo que de su pasado bohemio y revolucionario parecía sobrevivir en él más auténtico y fuerte, era su novia Michelle.

continuarà…

Los que  quieran leer en Italiano la historia desde el comienzo pueden irse al linkado siguiente: https://www.youcanprint.it/biografia-e-autobiografia-generale/memorie-di-scuola-9788827845486.html

Londres para siempre – 17

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Empezaron como comerciantes.  Terry, más ambicioso y capaz, ha hecho su camino. Ahora, en la empresa, es el numero dos, el  primero después de BrianBuckle, el jefe.
Corre con su carro y suministra las diversas  tiendas, con la ayuda de su hombre derecho, un escocés llamado  Ivan; y cuando ningun necesita ropa, el trabaja en la oficina. Vida dura, de los emergentes. Es divertido, aunque.

No quiere fracturas ni tiene arrogancia con  los empleados: es cortés, incluso más allá de la cortesía fría y formal de los Ingleses. La suya es una  cortesía grocera de extracción cockney, me atrevo a decir; grosero y sustancial.
Me presenta a su “novia”, una morena con una tímida sonrisa. También puro cokney es Alan, el hermano de Bob,  que habla uno “slang” doc de Londoner y hace, en las raras ocasiones cuando nos encontramos, juegos de palabras  imposibles de entender para un extranjero.

Y Bob, entre la risa general que estos chistes provocan trata de explicarlos.

Entre una broma y otra Alan se queja, porque hay  sólo el té para beber, a pesar de que el jefe, él dice, sabe  muy bien que a el le gusta la cerveza.

Es un poco descuidado en el vestido, a diferencia de Bob y de su hermana  Marion, una muñeca inglesa  muy bonita y ordenada  que es capaz de conferir,  con su dulce hablar, dignidad y armonía,  al descompuesto dialecto de Londres.

Para tomar una broma yo tambien  digo  a Alan que un niño, a mi país, llama “ televisiones”esos parches que el  lleva en los pantalones.

Se quedò  riendo durante semanas de esta mi  “boutade.  Casi  cuanto  aquella vez que le contè, como disputando con  un hombre de basura,  demasiado desagradable y grosero, yo lo amenazè,  traduciendo  del italiano, con tono enojado: “Te voy a  romper el cuello”!.

Esta mañana también hay un estudiante de Universidad, que se llama  Osvald,  jovial y refinado, que trabaja  para la empresa   sólo unas pocas semanas al año.

Es el tipo Inglés de Devonshire: delgado , blondito, piel clara y ojos azules, con la nariz afilada, labios y barbilla.

Tiene una flema envidiable.

Su familiaridad en decir adiós,  remilgadamente pero no antipático, afable pero no caliente, elegante pero no frío. Admiro en él un auténtico”gentleman inglés”.

Hay Tony, nombre masculino, pero gran feminidad: es tanhermosa como un ángel que te aparesca en  sueño. Hizo una pasantía conmigo; También se demonstrò gentil e  inteligente; Me gusta loco. Lástima que, como confió a mí durante los tres días que he intentado enseñarle todo lo que sè alrededor  de las máquinas y de los  helados, està  viviendo unamor tan fuerte, en contraste con un niño de color. Suerte él hermano  negro , que goza de una compañera  tan esclarecedora.

-“El viernes te invitamos también a la fiesta por mis cumpleaños”- me dice Bob-“no te la pierdas porque habrá muchas chicas guapas”.
“Como las azules?” – yo le pregunto como una broma,aludiendo al hecho de que Bob, en el trabajo, cuando ve a una chica que le gusta le pita detrás coloridas expresiones,incluyendo a menudo abordarlas con “Hey, azul!” intraducible pero elocuente expresión de admiración toda Anglosajón.

-“¿Cuál es el propósito de esta reunión?”- pregunto despues da haber agradecido a Bob promitiendo que non faltarè a su fiesta.

-“Es mantener a las vacas a través de la puerta!” – me hace Alan, riendo como a un loco.
-“¿Qué significa?”-pregunto el hermano Bob que, como el resto de la empresa, està muriendose por la  risa.
-“Nada”- contesta Terry, que no quiere explicar la extraña expresión en cokney del personaje excéntrico,  sino que prefiere  resurgir en su capacidad profesional, mirando  el reloj.

“Es una reunión que hacemos cada año en temporada media.

Una reunión como esta, para que nos nos conozca mejor. A  Brian le gusta a tener contacto con sus trabajadores. “Diciendo esto, Terry lanza su ojo agudo en el patio frente a la ventana grande.

Como conjurado por sus palabras, aquí viene con un atlético salto de un blanco flamante Range Rover,  Brian Buckle el número uno, el gran jefe, el boss, como lo  lallama con admiración Terry de vez en cuando. Brian es un hombrede unos cuarenta y cinco, complexión robusta, tez morena,manera afable y a mano, aunque es evidente en su acción, el movimiento decidido de  quién tiene poco  tiempo  y pretende hacer más.

Ingenuamente como se acerca  le guardo  la nariz: esto es porque Bob, hablando de él, entre otras cosas, más o menos idiotas, en el decirme  que es “Judío”, acompañò la palabra con un gesto de su mano derecha,cerrando los cinco dedos hasta la punta de la nariz , casi a indicar una rama ficticia.

Pero lo dijo sin enfasis, con una modulación, casi una disminución de su tono, como cuando se dice algo y no se desea que otros,  puedan  oír lo dicho.

Terry me presenta al jefe, subrayando que soy italianos, como las maquinas para hacer  helados.

Brian  Buckle  me dice que ha oído grandes cosas acerca de mí, desde la temporada pasada, cuando no tuvo la oportunidad de conocerme.

Correspondo  a su amable sonrisa, preguntándome si mi presencia ha sido  un accidente o algún tipo de promoción.
La reunión adquiere a una cierta formalidad cuando, sobre las sutilezas del ritual, el jefe se senta en el escritorio principal, aquello  cerca de la ventana..
Habla brevemente, recomendandonos  cuidado en el limpiar las máquinas y  instituye un premio semanal de £ 5 para el almacén de mayor  limpieza.

Entonces habla de programas cortos, medianos y largos ;y ya la charla no me importa mas. Concluye que organizará una gran fiesta en el final de la temporada y se declara disponible a nosotros para cualquier problema a través deTerry, su gerente válido y capaz. Antes dejar sin embargo, se detiene un poco, en el umbral, con Terry, que en el escucharlo,me parece  como a Moisés  escuchando a Dios en el Monte Sinaí.

Luego se vuelve a montar en su coche fuera de carretera.

Es una operación rápida , saluda con la mano, completando la salida del estacionamiento y se reinicia, roboando, a su muchisimos negocio: sé que, además de helados, participa en numerosas actividades comerciales y financieras. Un gran hombre, una personalidad emergente, como susurra Terry mientras que  con la mano intercambia su saludo.

 

17. continuarà…